La luz del embarazo

“El estado ampliado de conciencia originado en la gestación, abarca no sólo a la mujer, sino también al hombre. Vivido en plenitud, permite cambios sorprendentes en la estructura energética”.

El embarazo es una magnífica oportunidad para el crecimiento. En esos nueve meses una mujer puede hacer cambios sustanciales, los que a veces no se logran en varios años de psicoterapia. Se produce un estado de ampliado de conciencia que dura los nueve meses de gestación y se prolonga cuarenta días después del parto. Por eso, más allá de encarar esta etapa desde el punto de vista psicoprofiláctico y de preparación para la maternidad, resulta importantísimo tener en cuenta el fenómeno de “desestructuración” que se produce, la posibilidad de acceder a un nivel de conciencia diferente, y gracias a él, a una nueva estructuración.

Esto es un correlato de lo que sucede en lo físico: el cuerpo de la embarazada produce una hormona, llamada “relaxina” que ablanda los ligamentos de todas las articulaciones. Sabiéndola aprovechar, esta es una magnífica oportunidad para corregir vicios posturales. A nivel emocional y psicológico sucede exactamente lo mismo.

La bibliografía clásica sobre el tema en general, propone sacar a la embarazada de ese estado que considera “regresivo” y volverla más “adulta”. En realidad, de ese modo se violenta una necesidad de expresar otra dimensión de su ser que quiere salir, manifestarse, buscar nuevos códigos. Una lectura apurada puede llamarla “infantil”, pero no olvidemos que los niños tienen una percepción del mundo muy sensible que la educación cercena lentamente. Así como en la educación moderna se busca apoyar la mismidad moderna de la persona y no adaptarlo a un modelo estructurado a priori, en la embarazada se trata de no roturarla como infantil, ni antojadiza, ni susceptible, sino de permitirle que decodifique ésta nueva percepción. Violentando éste aspecto aparecen numerosos desajustes, tanto en el embarazo, como en el postparto; entre ellos, la depresión post- parto.

 

Desde nuestra perspectiva, nos interesa más la posibilidad de favorecer ese “ablandamiento” de la estructura emocional y psicológica, por lo tanto, de la estructura energética. Eso es precisamente lo que da la posibilidad de estructurarse de otra manera.

Poco después de la concepción se produce un cambio hormonal importantísimo que, a nivel cerebral, activa las áreas vinculadas con la percepción porque se establece un aumento de la actividad eléctrica del hemisferio derecho del cerebro. Esto determina un aumento, sostenido biológicamente, de la intuición, la percepción, el desarrollo de la creatividad…

 

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En la embarazada se da naturalmente todo lo que muchas veces se busca con esfuerzo a través de la meditación: un estado ampliado de conciencia (ampliado, no alterado). Sabiéndolo disfrutar, sumergirse en él puede abrir una dimensión sorprendente. Es una pena que la mayoría de las mujeres tengan sus hijos siendo tan jóvenes, en un momento evolutivo, en el que a veces, no se llega a aprovechar todo lo que el embarazo puede dar. A modo personal, confieso que eso me sucedió en mi primer embarazo: estaba tan preocupada por mi buen estado físico, por mantenerme “vital” y hacer toda la gimnasia del mundo!…

En cambio, la experiencia fue totalmente distinta años después, cuando tuve a mi tercera hija. Para entonces ya hacía meditación y tenía una conciencia muy fuerte de cómo ella se iba formando. La vivencia era impresionante; la experimentaba ahora en forma natural y casi permanente. Era un estado de conexión con la vida. Una especial atención a las hojas de los árboles, la mirada de alguien, la luz… una profunda percepción de toda la vida.
Más intensa aún fue la posibilidad de trabajar como terapeuta estando embarazada: me daba cuenta de todo, captando muchísimo más del otro.

 

La energía bien centrada

Desde este punto de vista es importante que la embarazada trabaje su cuerpo con movimientos de conciencia que le permitan equilibrarse. Si está por debajo del nivel de energía esperado, elevarlo. Si está por encima, que pueda descender. Y, fundamentalmente, trabajar mucho las líneas de energía para que ésta pueda fluir por todo el cuerpo.

En términos técnicos, hay un aumento muy importante del centro bajo, del centro lumbo-sacro y del centro medio.
El aumento de actividad, carga y apertura del centro bajo produce una conexión, no con la realidad cotidiana, sino con la tierra. La mujer, en ése momento es la Madre Tierra y reúne en sí la historia de todas las madres. Este hecho, como todos, puede ser vivido de manera mecánica o creativa. Mecánicamente, si se lo vive sin conciencia. Pero, con conciencia y creatividad, es deslumbrante todo cuanto la embarazada puede sentir desde los centros energéticos bajos.

El centro lumbo-sacro, despierto y activo, puede distribuir la energía generando un momento de gran crecimiento que le permitirá profundizar la relación consigo misma, alcanzar un nivel de mayor gratificación o creatividad en su sexualidad, comprender que el bebé que está gestando no es una propiedad de ella: que además de ser su hijo, será nieto, sobrino… persona, ser humano.

En cuanto al centro medio, este es permanentemente modificado por el crecimiento del útero. En el tercer mes de gestación el útero “sale” de la pelvis, supera el límite superior de la cavidad pelviana, crece, se expande, y va desplazando todos los órganos del centro medio. De ése modo la mujer vive los seis últimos meses del embarazo en un estado de permanente sensibilización de la emoción.

Durante el embarazo, la respiración, que es una conexión fundamental entre el cuerpo, la energía y las emociones, está fundamentalmente alterada por la nueva ubicación del diafragma. Pensamos que sólo una hora de ejercicio respiratorio puede producir un estado emocional diferente. La embarazada vive haciendo, día y noche, un “ejercicio de respiración”.
Toda esa energía generada en los centros bajos, ese “movimiento y medio”, ese movimiento extra, necesita una posibilidad para subir, hay que abrirle paso, eliminar los bloqueos. Si se le ponen pautas externas, la energía se traba. Si a la futura madre se le señala que está antojadiza, caprichosa, que debe usar mejor su cuerpo, adelgazar, sostener los abdominales…; si se la arranca de su estado poniéndole parámetros desde afuera, la energía no puede fluir.

 

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La embarazada necesita todo el permiso para sumergirse en su mundo y comprender que no está “regresiva”, sino “diferente”, que no importa si engorda siete kilos o doce, lo más importante no pasa por ahí…
Toda su energía puede subir y acceder a la apertura del centro cardíaco, tal como biológicamente está programado. Dar “el pecho” es dar leche. Pero es también ofrecer una vibración de amor, dar contención. Hoy sabemos muy bien que el amor es la base de cualquier camino de elevación y desarrollo espiritual. El cuerpo de la mujer está diseñado para dar la teta: una actividad total del cardíaco. Si abre éste centro podría amar a su hijo sin posesividad, sin la intensa posesividad, del centro medio. Poder “pasar al cardíaco” significa poder incorporar al otro como un ser independiente de ella, poder “soltar” al hijo: una experiencia de gran crecimiento para ambos. Con esta actitud la madre encontrará la flexibilidad que los dos necesitan.

Los tiempos son rápidos: la misma conducta, adecuada para el bebé de un mes, puede resultar psicotizante seis meses después. Si la mamá tiene a su pequeño “a upa” todo el día cuando tiene uno o dos meses, le está dando apoyo afectivo, seguridad, energía…. Si sigue haciendo lo mismo cuando el chiquito tiene ocho meses y quiere gatear, si ella no lo deja bajar al mundo… el efecto es nefasto. La madre necesita estar preparada para cambios rápidos: todo el embarazo y el crecimiento del bebé en el primer año de vida es vertiginoso y pide acompañamiento, con un nivel de conciencia en evolución permanente.

Desde el cardíaco, la experiencia puede ser maravillosa. He visto a muchas mujeres posesivas volverse realmente generosas y armonizadas después del embarazo, y personas que nunca accedieron a lo que significa la vibración del cardíaco hacen cambios profundos. Sin ser meditadoras, las embarazadas pueden acceder a verdaderos viajes astrales.

Desde el centro laríngeo emerge una capacidad de tipo intelectual, que permite entender lo que está pasando, conceptualizarlo. Se amplía la posibilidad de comprensión. Aunque no resulte tan fácil ni tan fluido, se da cierta posibilidad de aceptar una forma diferente del esquema mental previo. La embarazada puede, no sin dificultad, llegar a entender que no toda la realidad que se le presenta debe ser traducida con los conceptos teóricos que ella tenía a priori, que tal vez sea el momento de adquirir nuevos esquemas mentales que expliquen su mundo desde otra perspectiva. Es común que la mujer embarazada se escuche decir cosas que nunca había dicho antes.

Hace poco la familia de una embarazada discutía porque uno de sus integrantes había comenzado a drogarse. Todos tenían una actitud bastante pautada acerca del drogadicto: la falta cometida, lo que debía hacer para recuperarse… Ella empezó a hablar del sufrimiento de esa persona, de la importancia de no violentarla; se preguntó que sería lo que él estaba diciendo y pidiendo con esa actitud… Cuando terminó de exponer su posición, que impresionó a todos y los hizo recapacitar, el marido le preguntó: “¿de dónde sacaste todo eso?”, “Ah …. no sé” dijo ella.

Esta es la influencia más sutil, propia del laríngeo, más allá del control y otras cosas más obvias que pasan por este centro, está la capacidad de crear nuevos pensamientos. No sólo permite la expresión de nuevos esquemas mentales, los crea. No son producto de determinada enseñanza o influencia externa, sino auténtica creación personal.

Las embarazadas no llegan a los grupos de gimnasia de Centros de Energía buscando un trabajo específico de crecimiento. Sin embargo, captan nuestras ideas acerca de las leyes holísticas con una capacidad sorprendente. Están naturalmente predispuestas a abandonar viejos conceptos. Siempre se habla de los grupos de mujeres como grupos competitivos donde se expresa la rivalidad con la madre. Sin embargo hemos visto aflorar en ellas la más auténtica corriente de ayuda, de contacto y solidaridad. Se rompen viejos esquemas y surgen conceptos fuertes sobre el amor, la trascendencia, el sentido de la vida, la capacidad de revivir en un parto único, todos los partos de la humanidad.

En cuanto al Centro frontal y coronario, que básicamente se trabaja desde la meditación en relación con las funciones superiores de la conciencia, las embarazadas llegan a estados muy interesantes. No diría de telepatía, ni clarividencia, porque de hecho no lo he visto, pero si una percepción muy fina. Si este trabajo se acompaña con una alimentación adecuada, natural, con los oligoelementos y minerales necesarios en cada etapa, los logros se intensifican.


Memoria de la percepción

Este estado tan particular dura hasta cuarenta días después del parto. Porque el cuerpo energético del bebé y de la madre están totalmente unidos. El parto produce la separación de los cuerpos físicos, pero la unión energética se prolonga. Es fundamental que la madre, gradualmente, vaya “soltando” a su hijo, que acompañe la progresiva separación con plena conciencia de que deja ir al otro ser, para que inicie su camino en el mundo. La falta de preparación para ése “soltar” es lo que ocasiona la depresión postparto.

Depresión que también se relaciona con ciertos desajustes entre las expectativas y la realidad, entre el bebé deseado y el bebé real. A lo cual se suma una nueva serie de cambios hormonales. Y un temor a perder esa sensación maravillosa de completud y acompañamiento que produce el embarazo.

Una madre me decía hace poco que tenía miedo de pasar de un mundo en colores a un mundo blanco y negro. Es el temor de que se licúe la fineza de la percepción, la sensibilización ante los hechos de la vida, los colores, la música… Por eso el trabajo principal es conservar la memoria perceptiva, recordar con claridad la expansión alcanzada.

En muchos casos los cambios producidos se afirman en un camino sin retorno. Cuando una mujer entiende la importancia de amar sin retener, es como andar en bicicleta: ya no lo olvida. Pero hay otros progresos que pueden perderse si no se sigue trabajando.

El trabajo sobre su cuerpo, su energía, sus bloqueos; la meditación y el trabajo en pareja suele ser el mejor camino para evitar retrocesos. A menudo imagino que todo este proceso es como estar en un escenario a oscuras. De pronto se prende una luz sobre los actores. Allí tienen la gran oportunidad de su vida, una de las grandes oportunidades para lucirse…u ocultarse.

Si existe conciencia de esa oportunidad, crecen las posibilidades de aprovecharla. Dentro de nosotros están todas las capacidades. El embarazo es un exagerador natural, una lente de aumento, una lupa que puede ayudarnos a dar a luz todo lo mejor que llevamos dentro.

 

Para ellos, la creatividad..

Siempre me impactó mucho el concepto oriental del embarazo. Según ellos comienza con el deseo de los padres y ése deseo atrae la energía del hijo que se encarna en la concepción. Los médicos occidentales sólo velan por los cuerpos físicos. Pero en el caso del embarazo ocurren modificaciones muy importantes en el cuerpo energético (etérico) de la madre y el padre. Un hombre perceptivo, que comparte la vida y el sueño con su mujer embarazada, recibe la energía emanada por ella y el bebé: entran en un circuito energético de a tres, donde todos se enriquecen. Con un distinto nivel de intensidad, pero con fenómenos muy similares, el hombre puede acompañar este proceso de su mujer embarazada.

 

embarazada y pareja
En parejas bien conectadas, en las que no se interpreta, el tema de la rivalidad, ni las trilladas historias de la envidia de la panza y el pene, el hombre accede a la misma oportunidad de crecimiento y cambio a través de la gestación de su hijo. El hombre, aunque no comprometa su cuerpo físico en el embarazo, puede vivirlo con su cuerpo energético. En ese caso la manifestación más concreta es un aumento de su creatividad.

En muchos hombres se nota una mayor percepción, una mayor actividad del hemisferio cerebral derecho. Muchos encaran proyectos en arquitectura, pintura, literatura… a los que antes no se habían atrevido. Por supuesto, como en todo, también existe la posibilidad de quedar enredado en las dificultades, en el sufrimiento psicológico, hablando de regresión y de envidia… Pero algo es cierto: el embarazo es una gran oportunidad para acceder a una resolución nueva de conflictos.
Tan fuerte es este nuevo estado energético que casi se podría hablar de una segunda concepción. Siempre se dice que el hombre “embaraza” a la mujer. Y a nivel del cuerpo físico es así. Pero también es real que la mujer “embaraza” al hombre en su cuerpo mental y éste va dejando crecer a lo largo de nueve meses una modificación de todo su ser.

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