Relación vincular Padre-Bebé

Su importancia y consecuente necesidad de desterrar mitos

| Por María Cecilia González Cozzolino

 

La relación vincular de la díada padres – bebé comienza mucho antes del embarazo. Esta historia se origina con las fantasías que cada padre tenía acerca de su hijo imaginado y continúa durante el tiempo de la concepción con la historia particular familiar de cada uno; con el modo de relación de la pareja; con las circunstancias de su entorno (familiar, social, laboral, político, económico, etc.).

Asimismo incidirá en esta relación el temperamento de ese hijo con cada uno de sus padres. Esto explica porqué los vínculos varían si se trata de uno u otro hijo, incluso si es niño o niña.

Con el nacimiento surge el proceso de “adopción” de ese bebé real, es decir, el verdadero “encuentro”, entendiendo por tal la capacidad real de AMAR. De ese modo, libres de prejuicios o deseos personales miramos al otro tal cual es y no como desearíamos que fuera, acompañando a nuestro bebé a desarrollar su personalidad y descubrir el sentido de su vida. Así es como nos sorprendemos e incluso aprendemos de esa unicidad irrepetible con su sello original de ser.

 

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Se necesita frecuentemente apoyarse en estructuras ya conocidas, por ello identificamos en los bebés parecidos físicos o de carácter semejantes a las de algún familiar. De ese modo se construye una imagen in-auténtica de lo que puede ser el hijo. Es importante que estos accidentes (parecidos físicos, tendencias en su modo de ser, etc.) los reconozcamos como tales y no condicionen la relación ni etiqueten a una personita que posee más allá de esos parecidos su propio modo de ser.

El repertorio de expresiones emocionales se enriquece a medida que va pasando el tiempo y el niño va desarrollando y desplegando su modo particular.
La capacidad empática (posibilidad de colocarse en el lugar del otro) beneficiará el desarrollo de las potencialidades del niño y fortalecerá la estructura psíquica del mismo.

Cuanto más fortalecida sea la fusión afectiva que se establezca en la díada (cada padre– bebé) – tríada (mamá – papá – bebé) el niño crecerá con mayor seguridad. Su causa se debe a que se ve reflejado en su madre/padre, entonces de acuerdo a esa vinculación establecida se constituirá su mundo interno y su seguridad personal.

Esta fusión se establece durante los primeros tiempos a través del contacto piel con piel y la capacidad de manejo (sostén, higiene, alimentación, juego, modo de hacerlo dormir o de tranquilizarlo, tono de voz, etc).

 

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Existen mitos cuya aceptación irreflexiva entorpecen el crecimiento aludido.
Es por ello que debe destacarse que el contacto piel con piel va logrando que el niño incorpore una “confianza básica” en su madre confirmándole su incondicional presencia y, de este modo otorgándole seguridad en su base de construcción personal. Lo cual motivará confianza en sí mismo y su futura autonomía en la adultez.

Por ello lo que sostiene el mito no es real, ya que ese contacto no hace a los bebés más exigentes o demandantes, sino que les aporta el marco de seguridad que necesitan para su desarrollo. No olvidemos que el nacimiento psicológico no coincide con el físico. El bebé paulatinamente se va separando emocionalmente de su mamá y aproximadamente entre el quinto o sexto mes se reconoce como otro. Esto explica que no se “malcría” a un bebé durante este periodo.

 

Debemos recordar que antes de nacer, aún cuando la madre dormía, los movimientos respiratorios y los sonidos de los órganos como su corazón, eran transmitidos al líquido amniótico; el bebé estaba permanentemente envuelto, acompañado, protegido y estimulado por diversas sensaciones táctiles. Cuando nace, su cuerpo deja de recibir todas estas estimulaciones que son las que muchas veces reclama en sus primeros meses.

 

Tanto la mamá como el papá, mediante esas conductas proximales (caricias, canciones, juegos, abrazos, etc.) motivarán en el bebé un positivo conocimiento del mundo y asimismo estimularán el desarrollo de su inteligencia. Respecto a esto último está comprobado científicamente que esas actitudes estimulan la producción de mielina (sustancia que envuelve las estructuras neuronales) provocando un incremento del desarrollo neuronal.

Ha de tenerse en cuenta la calidad del contacto vincular antes referido para el positivo desarrollo del bebé y el vínculo. Si la mamá o el papá siente displacer en la relación, no obstante mostrar una sonrisa, o hacer una caricia, la actitud de fondo es la que percibe el bebé y la que cuenta para establecer el vinculo.

Es óptimo también recordar que ser conscientes de nuestra responsabilidad como padres no significa sentirnos obligados a ser “perfectos padres” para el positivo desarrollo del niño. Nuestros hijos nos necesitan “humanos” y equivocarnos y reconocer nuestros errores nos fortalece y los fortalece. Reflexionar acerca de esto último convoca a no olvidar que una relación vincular conflictiva puede generar trastornos afectivos o fisiológicos en el niño.

 

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