El rol de la doula durante pérdidas gestacionales

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Trabajo realizado por Doulas Natal: Ayelén Peralta, Flavia Racco, Joana German, Mariana López y Leila Heinzle, Agosto 2018

 

El rol de la doula durante pérdidas gestacionales

Introducción: de lo que no se habla y requiere escucha.

En el presente trabajo abordaremos el tema de las pérdidas gestacionales y cómo la doula a través de la escucha, la contención y diferentes recursos, puede ocupar un nicho vacío que genera gran desamparo en la mujer y las familias que atraviesan el duelo

En la actualidad y sobre todo en la clase media de los países desarrollados y en vías de desarrollo como la Argentina, la maternidad suele postergarse por distintas razones, como pueden ser encontrar la pareja indicada, comprar una casa, tener un auto, obtener tal trabajo, o simplemente el tiempo pasa y cuando se decide embarcarse en la maternidad las mujeres suelen rondar los 30 años de edad. Esto nos compete porque la recurrencia de interrupciones del embarazo aumentan a medida que pasan los años, haciendo a las pérdidas gestacionales más frecuentes de lo que se cree.

“…tardamos muchos años en tener cierta estabilidad emocional y laboral. Más allá de la treintena empiezas a plantearte el tema de la maternidad. Cada vez cuesta más concebir un hijo, de hecho el 20% de las parejas españolas sufren problemas de fertilidad, y un día te dan la deseada noticia de que hay un hijo en camino al que le vas a dar la oportunidad de nacer. Vives cada día del embarazo con gran intensidad y emoción, relacionándote con ese hijo al que amas y tienes presente desde el principio y para el que tienes preparado algo más que una cuna y una habitación propia. Tiene ya un gran espacio en tu vida. Pero de repente, sin previo aviso y sin poder hacer nada, la cuna se queda vacía. El aborto espontáneo durante el embarazo o muerte perinatal es uno de los momentos más dolorosos al que nos enfrentamos las mujeres y nuestras parejas. Y a pesar de ser algo tan común (uno de cada tres embarazos acaba en pérdida) es un tema silenciado, escurridizo, muy poco comprendido y respetado y que médicamente se trata desde la frialdad y lo fisiológico, olvidando el aspecto emocional y espiritual. La pérdida gestacional está tan dentro del ciclo psico-emocional-sexual de la mujer como el embarazo, el parto, la lactancia… y nuestra sociedad, aunque vive a espaldas de la muerte, debe entenderlo, aceptarlo e integrarlo con respeto….”

(“La cuna vacía: el doloroso proceso de perder un embarazo“ M. Angeles Claramount. Ed.La esfera de los libros)

De qué hablamos cuando hablamos de pérdida gestacional

Las pérdidas gestacionales son las interrupciones espontáneas del embarazo. Se distinguen entre las que ocurren durante el primer trimestre y las que ocurren en el segundo o tercer trimestre desde la concepción. Más específicamente se define aborto espontáneo como a la pérdida involuntaria de un embarazo antes de las 20 semanas de gestación o cuando el feto tiene un peso inferior a los 500 gr 2. Y según algunos autores se habla de parto de un niño/a muerto cuando la interrupción del embarazo se da luego de la semana 20 desde la concepción.

Viendo como varía la frecuencia de interrupciones de embarazos según el trimestre de gestación y según la edad de la madre, tenemos que la tasa de aborto de primer trimestre es de un 15% aproximadamente, teniendo en cuenta que la tasa de aborto espontáneo aumenta conforme lo hace la edad materna, siendo de menos del 15% por debajo de los 35 años, de un 25% entre los 35 y los 40 años y de más del 50% en mujeres por encima de 40 años.

Más del 80% de los abortos ocurren antes de las 12 semanas. De hecho, la probabilidad de que se interrumpa un embarazo cuando es de más de 9 semanas es menor al 3%.

En la gran mayoría de casos (más del 60%) los abortos ocurren por alteraciones cromosómicas en el embrión (es decir, el número de cromosomas del embrión no es correcto y él mismo detiene su proceso de crecimiento). Otros motivos que podrían estar asociados a los abortos de primer trimestre son: causas infecciosas, enfermedades maternas como trombofilias (alteraciones en los procesos de coagulación de la sangre) o patologías endocrinológicas (hipotiroidismo, por ejemplo), malformaciones uterinas.

Trascendiendo el tabú de las pérdidas gestacionales

Al recibir la noticia o confirmar un embarazo, la mujer suele encontrarse cursando el segundo mes de embarazo. Y suele ser común en las mujeres no dar la noticia a la familia y amigos hasta luego del primer trimestre, cuando se espera que el embarazo continúe su curso.

Aborto espontáneo: pérdida del embarazo antes de la semana 20

Socialmente está más aceptado que durante el primer trimestre todo puede pasar. Además de que el 80% de las pérdidas gestacionales ocurren durante este período, se tiene cierta conciencia de que la gestación puede interrumpirse espontáneamente durante el primer trimestre.

Estas pérdidas gestacionales que ocurren durante el primer trimestre, pueden pasar desapercibidas para el entorno (la familia, los compañeros de trabajo o estudio, los vecinos, amigos, etc) en el caso de que la madre o familia no haya hecho explícito el embarazo. Y el duelo lo transita la madre sola o con el entorno cercano (pareja, madre o padre, amistades íntimas, etc). Y cómo podía estar dentro de las posibilidades el que el embarazo se interrumpa, las expectativas hacia el bebé podrían no ser tan grandes o con tanta forma. Además, el desarrollo físico del bebé alcanza unos pocos centímetros y en lo fisiológico algunas funciones primitivas. Esto hace que la expulsión o parto pueda ser rápida y de pronta recuperación para la madre.

Aquí el acompañamiento como doulas puede ir por el tomar conciencia del hijo/a, el no tomar demasiado a la ligera desde el nivel energético y emocional las pérdidas durante las primeras semanas de embarazo. Permitir que la madre y la familia se exprese, realizar sanaciones y limpiezas del útero, para estar sano y disponible para recibir un futuro embarazo.

Parto de un niño/a muerto: pérdida de embarazo luego de la semana 20.

En cambio, nadie espera que el embarazo se detenga, por ejemplo, en la semana 28 de gestación, cuando ya se va generando una imagen del hijo, se sienten sus movimientos intrauterinos, suele saberse el sexo, quizás hay un nombre y la familia y el entorno espera recibir este bebé, además de que físicamente el embarazo es evidente por la panza de la madre en aumento.

Cuando las pérdidas gestacionales se dan pasado el primer trimestre, socialmente la mujer está embarazada, partiendo de lo básico de que se observa la panza crecer. y que probablemente ya dio la noticia en el trabajo, familia, amistades, etc. y hay una gran expectativa del bebé por nacer. Nadie espera que ese bebé no nazca a término con vida.

Y a veces esto ocurre. Y el parto o expulsivo puede ser semejante a un parto de un bebé vivo a término, ya hay miembros y órganos formados. Y según la semana en que ocurra la pérdida, la madre podría tener leche en sus senos y estar hormonalmente lista para recibir a ese bebé con vida. En caso que haya tenido bajada de leche, brindarle información de cómo cortarla, cuales son las opciones y acompañarla también este proceso.

En estos casos, el acompañar de las doulas va en primer lugar por contener a la madre, contener todas las emociones que puedan salir, y dar cauce a que las emociones fluyan. Más adelante también hacer sanaciones energéticas del útero. Pero también en estos casos nos encontramos no solo con la expectativa de la madre, sino también con la expectativa del entorno y con la imagen que la madre se puede hacer de la expectativa de este entorno.

Nadie espera que ese embarazo no llegue a término, y la madre que pasa por estas experiencias podría sentir también cierta presión o preocupación por el qué dirán, y podría cortar vínculo con ciertos grupos por no querer responder a los ojos curiosos y a las expectativas ajenas. Entonces como doulas hemos de acompañar también desde la relación con el afuera mientras se está transitando el duelo.

En todos los casos, recordar que el hijo/a existe, ya sea que viva 60 años, 30 o 7 semanas. Reconocer y valorar esta vida más allá de su duración puede ayudar a aceptar y superar la pérdida. Además es importante reconocer y respetar el duelo en la madre y la familia en todos los casos.

El destrato, la falta de contención de la periferia.

Para ilustrar este tema vamos a referirnos en primer lugar a un breve relato:

“La chica me coloca el bebé en mis brazos. Los médicos y demás personal están charlando y riéndose detrás de nosotros así que la chica pide que bajen las voces y le dice a una compañera que nos coloque un biombo.”

Se puede leer en las palabras de esta madre que acaba de dar a luz a su hijo sin vida la soledad y falta de respeto y cuidado emocional desde el personal médico. La doula cumple la función de ’la chica’, cuidando el espacio y generando un ambiente de respeto e intimidad.

Además muchas veces el duelo no es tenido en cuenta y se minimiza la situación.

“La muerte de un recién nacido es una situación que se ha afrontado hasta ahora negándole importancia, con bastante indiferencia. Los hospitales han tendido a minimizar el impacto que estas muertes tienen sobre los padres porque piensan que al no haber conocido al hijo, es como si no tuvieran derecho a realizar un duelo por el bebé muerto”

Entonces, puede pasar que la periferia no ofrezca contención porque no registra por lo que la familia está pasando. Como doulas podemos transmitir o concientizar a la periferia sobre el dolor que genera el hecho, y las necesidades que tienen; recomendar y sugerir los lugares que más se adecuen a cada familia, dando siempre libertad de elección.

No existe un orden específico al proceso de duelo: negación, incredulidad, confusión, shock, enfado o rabia, tristeza y depresión, añoranza, desesperación y desesperanza, culpa y vergüenza.

No hay una fórmula mágica que una Doula deba seguir, cada proceso de duelo es único, como las personas que lo atraviesan y como tal debemos contar con la apertura mental para saber leer qué es lo que los integrantes de esta familia están necesitando para transitar y atravesar el dolor y para llegar a una posible comprensión, y porque no posterior sanación.

Cuando nos referimos a sanar, no nos referimos a que la madre y la familia olvide lo vivido o de existir la posibilidad de posteriores hijos, reemplacen al fallecido. Simplemente pretendemos alivianar la carga desde la disponibilidad, la comunicación, la mirada empática, compasiva y cercana. Haciéndolo socialmente más accesible, contactándolos con padres que estén pasando la misma situación, dando herramientas y conversando con la familia secundaria y amistades de los afectados para que ellos estén más disponibles, puedan conversar quitando los miedos o prejuicios de qué decir en estos momentos y evitar el

La doula como agente de contención hacia la madre y la familia.

En el rol como doulas la escucha activa, es la condición primera, estando 100% disponible, desde nuestra corporeidad asintiendo y demostrando una actitud positiva de apertura y recepción. Por ejemplo mirando a los ojos a la mujer, realizando movimientos afirmativos con la cabeza, sonidos o palabras que den a entender que estamos siguiendo su relato. Es importante que también pongamos foco a aquello que la madre nos transmite con su lenguaje no verbal a través de lo corporal. Debemos contar con la mirada sutil de saber estar disponible por momentos para escuchar, en otros momentos para dar palabras de aliento, información, dar contención y sostén a través del afecto (tomar su mano, abrazarla, etc) o bien proponer alguna actividad o ejercicio para movilizar energéticamente.

Habrá que tener en cuenta si la Doula venía haciendo un seguimiento del proceso o si fue recientemente contactada con el desencadenante de la pérdida gestacional. De darse esta última condición es indispensable que más allá de tener una entrevista con la madre, también la tenga con el padre y con el obstetra para tener información precisa referente a  lo clínico.

Si venimos realizando el acompañamiento previamente, es importante permitir tener un tiempo de espera para los padres, entre el momento en que reciben la noticia y el momento en que se induce el parto, siempre que la situación clínica de la mujer así lo pueda permitir. Se debe informar y apoyar adecuadamente a los padres para ayudarles a tomar decisiones. Lo importante es que se sientan instruidos y partícipes del parto. Aunque el bebé haya fallecido sigue siendo su parto y su hijo/a deseado.

Es fundamental no imponer, tener en cuenta las necesidades y deseos de los padres. Y si la situación lo permitiera, ser el facilitador entre el personal médico y la familia puede hacer que la pérdida sea tratada desde un enfoque más piadoso y humano.

Sin duda el aconsejar que tengan la oportunidad de despedirse por última vez es de gran importancia para las familias, para su posterior bienestar físico, psíquico y emocional.

De la información a la sanación.

Los cuidados en torno a la muerte perinatal debería incluir: llamadas periódicas de seguimiento, al menos durante el primer año; animar a la familia a involucrarse en grupos de apoyo de la comunidad, proveer una evaluación continuada y mejoras para nuestro “conjunto de recuerdos” basadas en la información aportada por las familias, voluntarios y publicaciones profesionales.

Vollman (1971) ha observado que las familias que utilizan sistemas de comunicación abiertos y eficaces y facilitan la coparticipación de los sentimientos, tienen mayor probabilidad de llegar a una mayor adaptación respecto a otras que aplican en cambio un modelo de negación o de supresión de sentimientos. De esta manera podemos trabajar en promover espacios que nos permitan utilizar dichos sistemas.

-Los afectados sufrirán sentimientos profundos de culpabilidad y ansiedad por falta de respuestas, por no recibir información suficiente sobre su bebé o los procesos médicos/  administrativos que se estén realizando. La información ayuda a las familias a sentirse en control de la situación. Es imprescindible permitirles que hablen y expresen sus deseos, temores y necesidades.

-Reducir la “distancia” puede lograrse fácilmente con pequeños gestos, por ejemplo quitándose la bata blanca en el caso de los médicos, que es un símbolo clínico; esto disminuye la intimidación familiar.

-Los afectados precisan de compasión, empatía, paciencia, comprensión y comunicación.

-Se puede informar a los padres tras la muerte de su hijo de los grupos locales de apoyo disponibles.

Recursos para la Doula

A continuación detallaremos algunos recursos holísticos con que la doula cuenta para acompañar a las mamás y las familias en el proceso de duelo.

 

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Detalle del proyecto

  • Project Name : El rol de la doula durante pérdidas gestacionales
  • Date : 01-08-2018

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